SÉ PIROLO

Volver al principio, cada primero de enero es un comienzo. Y lo primero es ser. En filosofía el Ser es un axioma,  y se caracteriza por ser el principio de acción y persistir en sí mismo. El instinto de supervivencia es fundamental para seguir siendo, nos dice qué nos puede perjudicar para inhibir la acción, recomponerla o salir pitando para evitar el daño. El daño es el pivote alrededor del cual se constituyen los principios de la moral, como investiga “Ética y emoción”  de Mar Cabezas.

Lo que es susceptible de producir daño formará parte de la reflexión ética para valorar si un acto es moralmente aceptable o no.

El instinto no es explicable, es una creencia fuerte, una emoción, una certeza irracional, nacida sin relación con la experiencia y que aflora al consciente desde lo más profundo del entramado cognitivo, por arte de magia. Magia sobre todo en este mundo cultural y académico en el que todo debe documentarse y fecharse y por eso, como no es demostrable, la intuición se suele rechazar. Craso error. Es la herencia de la especie para la supervivencia.

La acción a la que nos aboca esa creencia emergida del instinto no es elaborada, aunque hay quién a partir de una intuición construye toda una teoría. El instinto es necesario pero no suficiente. Lo recomendable es permanecer alerta, no confiarse a él o al discurso cultural que enmascara la lucidez del ser primigenio y, para empezar, usar las herramientas de la razón más simples: el PRINCIPIO DE IDENTIDAD, A es igual a A,  que nos dice que un hecho es ese hecho, el PRINCIPIO DE NO-CONTRADICCIÓN, A no es igual a no-A, que nos dice que un hecho no puede ser ese hecho y el contrario al mismo tiempo, y el PRINCIPIO DE TERCERO EXCLUIDO, que dice que no te puedes saltar el principio de no-contradicción, es decir  A y no-A no se suman,  –¡que no pueden convivir porque solo un caso es verdad!-  no pueden considerarse juntos una entidad diferenciada. 

Pero si en un alarde de salero se prueba que las dos opciones por separado, A y no-A son válidas, saltándose el principio de no-contradicción, llegamos a la REDUCCIÓN AL ABSURDO y entonces  te puedes inventar lo que quieras y sacar un conejo del sombrero: Tachán!!. Ese es el espectáculo de la cultura, te distrae pero no te avisa del peligro.

Vale, esta lógica de Aristóteles no contemplaba la lógica cuántica. Y nuestro universo consciente tampoco, así que es mejor no pasarse de listos y justificar barbaridades por una teoría física que se escapa a nuestra percepción.

La realidad es lo acontece. Eso es lo que ve un Pirolo cuando -como su nombre indica- se posiciona en vertical, recorre el mundo adocenado por la horizontalidad de la cultura y lo mira con sus propios ojos. Es  salvaje, lúcido, atiende a su racionalidad y sabe dónde está el daño.